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Las dos apuestas de Cristina en una transición inédita

La presidenta apuntaló la estrategia electoral de Daniel Scioli, y a la vez se concentró en subrayar los logros y las conquistas de estos años para que los argentinos garanticen la continuidad del proyecto.

El lugar común de la historia reciente del peronismo indicaba que nunca eran fáciles las transiciones entre dos peronistas, con un presidente saliente y un candidato del mismo partido con la intención de sucederlo. El ejemplo más crudo de esa tradición, se sabe, lo protagonizaron Carlos Menem y Eduardo Duhalde. 

La mayoría de los editorialistas de los medios opositores vaticinaban que la presidenta Cristina Fernández repetiría las viejas prácticas. Que pondría piedras en el camino de Daniel Scioli en su pretensión de acceder a la primera magistratura. 

Sin embargo, transcurrido ya todo el período de campaña, a horas de la elección en la que Scioli se asoma al gran desafío de su carrera política, queda claro que Cristina no sólo no boicoteó la candidatura de Scioli sino que, por el contrario, contribuyó activamente a que el gobernador de Buenos Aires se consolidara como único representante del FPV en la puja electoral. 

Todo este escenario –en cierto modo inédito- se completará con la escena deseada, que muchos dirigentes vienen imaginando desde hace meses: CFK traspasando los atributos de mando y colocando la banda presidencial sobre otro mandatario de origen peronista.

El rol de la presidenta en los últimos cuatro meses contradijo de esa forma los antecedentes históricos de otras transiciones vividas por el peronismo. Desde mediados de junio de este año, con el vencimiento de la inscripción legal de las candidaturas, Cristina se manejó con racionalidad y espíritu constructivo. Las acciones que realizó en este tramo de la gestión reflejaron que una de sus prioridades fue favorecer las chances del FPV para mantenerse al frente del gobierno tras el 10 de diciembre. 

Eso explica por qué en la hora clave, en la selección interna de los candidatos, se impuso la lógica de los porcentajes de adhesión electoral que despertaba cada nombre. Fue entonces cuando comenzaron los "baños de humidad" aconsejados por la propia Cristina.

La mayoría de los editorialistas de los medios opositores vaticinaban que la presidenta Cristina Fernández repetiría las viejas prácticas.

Pero al mismo tiempo que contribuía con el posicionamiento del candidato que mejores porcentajes de intención de voto había mostrado (Scioli), CFK se concentró también en otra tarea. Un esfuerzo casi pedagógico, realizado en una saga de capítulos de comunicación directa con la sociedad. La mandataria se propuso subrayar los logros y las conquistas que se habían alcanzado en estos años: explicar cómo y por qué habían sido posibles, e involucrar a una franja significativa de los argentinos en la defensa de esos nuevos derechos, de esas políticas de inclusión, desarrollo y búsqueda de soberanía. 

Aquella cruzada de Cristina (para la que colaboradores más cercanos, como Carlos Zannini, le adjudican una enorme capacidad, por su condición de "muy buena comunicadora de la acción de gobierno") tuvo uno de sus momentos más atrapantes en el discurso que realizó el 25 de mayo ante una Plaza otra vez multitudinaria.


De aquel mensaje presidencial se podrían citar tres frases. Son ejemplos de la vocación por involucrar a las mayorías populares en la comprensión de lo logrado y su defensa en el futuro. "Éste es un proyecto colectivo. No puede depender de una sola persona. 

Depende de ustedes para que sea ejecutado, profundizado y llevado adelante." "Yo les pido a todos los hombres y mujeres de mi patria que cuidemos lo logrado, que nos ayuden a corregir los errores que sin lugar a dudas los hay, porque hemos trabajado mucho." "Cuando me dicen 'qué va a pasar' en el futuro, yo les contesto: 'va a pasar lo que ustedes quieran que pase'. Porque ustedes son los que están empoderados, ustedes son los titulares de los derechos." 

Estas definiciones de CFK de mayo último, como lo que dijo en su actividad pública más reciente (Mi único interés es que todo lo que hemos hecho no se pierda", confió en el encuentro con las provincias petroleras de la OFEPHI), confirman la doble función que Cristina asumió para sí. 

Está claro que se propone garantizar la institucionalidad de la transición y no ser un obstáculo para que el candidato de su mismo espacio compita con chances de acceder a la Presidencia. Pero también quiere defender la identidad del proyecto (al que ella misma suele definir como 'nacional, popular y democrático') y los resultados  que obtuvo en los últimos 12 años: avances que –como se sabe- implicaron para ella y su familia sacrificios y costos irremediables.

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