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La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina,

La industria nacional hoy está sola y debe generar anticuerpos institucionales que...

La industria nacional hoy está sola y debe generar anticuerpos institucionales que neutralicen este aislamiento al que la condena el neoliberalismo en sus cíclicas apariciones.

Por Mario Derch-21-6-2016- Si a partir de 2003, con la aparición de consensos mayoritarios sobre la necesidad de revertir el sesgo neoliberal del país de las décadas anteriores, se consiguió iniciar un camino de recuperación del tejido industrial basado en las pequeñas y medianas empresas, el imperativo era profundizar el rumbo y terminar con muchas de las incongruencias, hoy más en boga que nunca, como la de las carencias de apoyo financiero a las pymes.

Lo que no se debió hacer fue lo que se hizo, dar marcha atrás con regresiones en las políticas cambiarias o monetarias, una vez que el Banco Central ya no estaba en manos de tecnócratas del sistema bancario concentrado sino en las de economistas capaces de hacerlo funcionar como un instrumento de apoyo a la producción y el desarrollo.

       La centralidad histórica y estructural de las PYME en el desarrollo de ese proyecto, para que se convierta en un modelo de instrumentación efectiva en el país. El requisito indispensable de la construcción de consensos y consecuentes políticas de Estado para concretar y dinamizar esos ejes. El papel que deberían jugar los partidos políticos para conseguir esos consensos y articular esas políticas de Estado. Primeras caracterizaciones del rol del oficialismo y la oposición concretas en ese contexto.

La historia argentina, específicamente la del siglo XX, que es la que interesa en este caso por su catastrófico resultado final, muestra hasta qué punto resulta imprescindible la articulación de una base concreta de consenso entre las fuerzas políticas y las fuerzas productivas para llevar adelante modelos claros de organización de la producción y para crear las condiciones mínimas necesarias para implementarlo efectivamente. Sobre todo cuando ese modelo implica una ruptura con el que estuvo vigente en claros tiempos de retroceso industrial y que, en el último semestre haya reaparecido y se exprese a través de sus aspectos más negativos, como el del estancamiento o caída de la actividad económica o el de la profundización de perversas desigualdades sociales, con sus habituales consecuencias de miseria y desocupación.

Esa tensión entre lo todavía vigente que fue pre-configurado, motorizado, desde el tercer sector y el gobierno anterior, está ahora nuevamente en riesgo de descomposición. Un proyecto que si bien estaba todavía potencial en varios aspectos, pero que bien mostró su rostro en la última década. Fue la característica de la etapa abierta en el país en 2003, tras la dolorosa crisis del modelo de acumulación con endeudamiento eterno y extrema concentración de la riqueza que significó el neoliberalismo entre 1976 y 2002. Esta fase de restauración de objetivos y valores de la más cruda ortodoxia liberal en lo económico, nos obliga a reforzar los métodos y los tiempos en la defensa de los espacios y oportunidades adquiridos. Como hacer foco en asumir nuevos debilitamientos estratégicos para el desarrollo; desde el crecimiento de la deuda externa de 40.000 millones a 71.000 millones, la caída del poder adquisitivo del salario en un 50%, más 200.000 despidos registrados, la apertura indiscriminada de la importación, la multiplicación por más de 15 de las tarifas energéticas, el achicamiento de las reservas del estado y su limitación de  recupero con la quita de retenciones al campo, la minería, la liberación del dólar y un crecimiento exponencial de las tasas de interés tornando imposible cualquier proyecto de crédito para el sector productivo y también el de consumo, haciendo muy atractivo el ingreso al mercado financiero de sólo capitales especulativos. 

Sólo seis meses del nuevo gobierno han demostrado la necesidad imperiosa de desarrollar políticas sectoriales que motiven los anticuerpos para soportar este cíclico revés histórico y torcer el brazo de quienes creen que esta idea ha llegado para quedarse. Llevándonos nuevamente a ser un suburbio pobre y periférico de un mundo que nos regirá por organismos multilaterales financieros que nos ahogarán en deuda, reduciéndonos a la primarización productiva y la precarización laboral en nombre (otra vez) del mercado y su conveniencia. Siendo el bienestar de los argentinos sólo una variable de ajuste más. Ya lo vivimos y sabemos el final.