'Militantes, operar, operaba Favaloro' Por Pablo 'Colo' Pérez

Pablo "Colo" pèrez
Podría empezar este relato citando a Marx, Weber o Durkheim y más cercanos en el tiempo a Ludovico Silva, Nelida laura llull o Giovanni Sartori pero como es cierto que la televisión, a diferencia de los instrumentos de comunicación que la han precedido, destruye más saber y más entendimiento del que transmite y que ningún fantasma recorre Europa prefiero empezarlo allí, en el umbral de la 528 que aunque es bis para nosotros es la 528. Sentados, cansados, nos mirábamos. 
El picadito en el descampado de enfrente había terminado y Daniel nos explicaba lo que se venía. Tenía 11, 12 años y este loco me decía que se iba a votar. 1983, Y que se vota...votar?, le preguntaba y me respondía con alguna puteada. Mi viejo era peronista y algo de eso había escuchado en casa pero para mi era más importante el club en donde nadie votaba y se jugaba al basquet. El fútbol era como una obligación barrial. Rústico dos opacado por la zurda de Guillermo que terminó coronando campeón a Tolosano, mucho tiempo después allá por el 91.Pero se iba a votar. Había afiches, mucha gente y yo los miraba extrañado. 
Conocía a la mayoría, buena gente. A ver manga de vagos es así, agarran la boleta la meten en el sobre y lo cierran, era la orden de Daniel cuya contraprestación era la ansiada Coca Cola. En época de Langré la Coca Cola era como la llama olímpica, inalcanzable, esplendorosa, única. Y Daniel nos traía Coca Cola a cambio de ensobrar una boleta que decía....que decía....ALFONSIN. Era el Comité de mi barrio. Los demás se iban pero yo me quedaba hasta más tarde viendo como salía la cuadrilla de amigos más grandes con baldes, camioneta y afiches a enchastrar el barrio con la cara de Alfonsín. Y pensaba... Que boludos, si mi viejo me dijo que nunca perdieron, los peronistas nunca perdieron. 
Pero no se porque, no me pregunten, yo me quedaba. Y me quedé. Y pasó el 30 de octubre, el día de mi cumple y me di cuenta de que mi viejo se equivocaba. Pero se reía y brindaba. Había votado a Alfonsín. Y me quedé. Y la Franja Morada Secundarios, el Centro de Estudiantes, los cursos de formación política y las pegatinas y ahora si la Franja Morada en los pasillos Universitarios,  las asambleas y las volanteadas y las trompadas y así fui creciendo. Pasaron los 90 y un día así como había escuchado que los peronistas nunca pierden escuche que alguien era “operador político”. Cómo definirlo. 
Cómo explicarlo. Una mezcla de garca con astucia y maquina de humo a cuestas. Nunca una Asamblea, un paredón pintado, menos aun una trompada en el aire, menos aun el corazón latiendo al gritar...Alfonsín... Alfonsín....operador político. Mirá vos. Los militantes ya empezábamos a despreciarlos y los políticos a amarlos. Rara paradoja. Los que poníamos el alma defendiendo una idea éramos desplazados por los que vendían el alma detrás de una chequera. Operador político. 
Celular de alta gama, auto de alta gama, saco de alta gama y cararrota de alta gama. “Yo te lo opero”...”lo operé a fulano”...”me operaron”...eran frases que de boludo grandote escuchaba en algunos ámbitos mientras esperaba ser atendido por alguno de ellos para que me de la guita y garpar  con ella un viaje, un acto, unos volantes.
Guita de la “orga” absolutamente sagrada. Y ahí estaba el operador con cara de suficiencia y mirada de compasión...yo estaba seguro de lo que pensaba...seguro que este tipo piensa...”mira vos a este pelotudo esperando al limosna para romperse los cuernos en una calle, un acto, una volanteada”...pensaba eso. Operador político. Café en los alrededores de la Legislatura, contactos inventados, asesores de imagen y de vez en cuando alguna cita brillante sacada de wikipedia. Y los compraban, y los compran. 
Alguna vez debo admitirlo me tentó eso de ser operador. Debo admitirlo. Las chicas más lindas, el café, las pilchas...tentador. Pero no sólo a mi, a muchos los tentaba más el barrio, la pelea callejera por un paredón que pintar, las corridas. Así como Fukuyama nos anunciaba el fin de la historia porque se morían las ideologías estos nos anunciaban el fin de la militancia porque se morían de risa. Ellos allá. Nosotros acá.

Nosotros tratando de que la política no muera y ellos matando a la política. En fin, la lucha hoy aun  continua. Alguna vez  quise a uno. Lo conocí por ser tripero y por tener el inmenso honor de haber compartido una Coca, como la que me daba Daniel de pendejo en el Comité,  en el buffet debajo de la techada allá en 60 y 118. Se llamaba Rene Favaloro y operaba como ninguno...operaba

(Primera Página Diario)

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