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La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina,

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El Vicegobernador Daniel Salvador recordó a las víctimas del genocidio Nazi.

La Organización de las Naciones Unidas celebra hoy el ‘Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto’, mediante una nota que lleva su firma, Daniel Salvador brindó homenaje a las víctimas y destacó que “nunca podremos permanecer callados o indiferentes ante el sufrimiento humano”.
La evocación del Holocausto, implica el cuidado y conocimiento de los valores primarios de la condición humana, y la educación para las generaciones venideras.La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió en la Resolución 60/7 designar el 27 de enero Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las seis millones de Víctimas del Holocausto, que constituyó un momento histórico decisivo del que es posible extraer valiosas lecciones acerca del peligro del extremismo y para la prevención del genocidio. 
Sería un peligroso error pensar que el Holocausto fue un simple producto de la locura de un grupo de criminales nazis. Más bien todo lo contrario, el Holocausto fue la culminación de milenios de odio, culpabilización y discriminación de los judíos, lo que ahora llamamos antisemitismo.
Por desgracia, y en contra de nuestro propósito, el antiantisemitismo sigue proliferando. También estamos viviendo un aumento muy preocupante del extremismo, la xenofobia, el racismo y el odio dirigido contra los musulmanes. Sobran muestras que testimonian que la irracionalidad y la intolerancia están de regreso.
Esto va totalmente en contra de los valores universales consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos así como nuestra Constitución y tratados que son parte de ella desde la reforma de 1994.
Los demócratas y militantes de la vida y la libertad, nunca podremos permanecer callados o indiferentes ante el sufrimiento humano. Siempre debemos defender a los vulnerables y llevar a los verdugos ante la justicia.
Y como se pone de relieve con el tema de la conmemoración de este año, un futuro mejor depende de la educación.
Después de los horrores del siglo XX, no debería darse cabida a la intolerancia en el siglo XXI. Desde el Senado y el gobierno de Buenos Aires como de la Nación, desde la reparación institucional que comenzó el 10 de diciembre de 2015, nos ubicamos en la vanguardia de la batalla contra el antisemitismo y todas las demás formas de odio.
Construyamos un futuro de dignidad e igualdad para todos, y honremos así a las víctimas del Holocausto, las cuales nunca permitiremos que caigan en el olvido, puesto que se pone de relieve el hecho de que la educación sobre el Holocausto tiene una dimensión universal, y debe fomentar el respeto a los derechos humanos, aumentar la tolerancia y defender nuestra humanidad común.
El hogar judío, la familia y las comunidades judías debieron enfrentarse a un fenómeno sin precedentes en la historia de la humanidad; un plan diabólico, motivado por un odio inexplicable, cuyo objetivo declarado fue llevar a cabo por medios industriales, el exterminio sistemático del pueblo judío y millones de personas pertenecientes a otros pueblos y minorías.
Muchos nos hemos preguntados, sin encontrar respuestas, cómo es posible explicar la predisposición casi total manifestada por seres humanos a la hora de obedecer los dictados de una ideología aterradora, y llevar a cabo sin titubear los asesinatos masivos.
El hambre, las enfermedades y la muerte eran parte integral de la vida cotidiana de los judíos en los guetos, los campos de concentración y escondites; pero junto a ellos también se pusieron de manifiesto fuerzas anímicas y valores humanos como la ayuda mutua, la preocupación del prójimo, la asistencia a los más débiles, y la lucha tenaz para seguir desarrollando la vida.
La recordación del Holocausto no es una experiencia en la memoria colectiva judía y universal sino también un tópico en torno al cual debe reinar consenso, y en este sentido evocar esta fecha es una obligación para transmitir el profundo mensaje de la libertad y la vida, dotando contenido y significado ético para que así pueda surgir del pasado un diálogo continuo que asegure y fomente el cuidado y conocimiento de los valores primarios de la condición humana, y la educación para las generaciones venideras.