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La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina,
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La política de la pinza



Hernando Kleimans pondera la habilidad de Vladímir Putin para promover una geopolítica del gas que le concede gran protagonismo a Rusia y se pregunta por qué motivo la Argentina no formaliza una mayor relación con Moscú y Beijing que incluiría el ingreso al BRICS. Pero también habría que considerar una crítica que se escucha cerca de Alberto Fernández acerca de Rusia: ¿por que sus aliados siempre son países en problemas y situaciones caóticas? Ni Venezuela ni Cuba ni Nicaragua son ejemplos regionales a seguir. Ni Irán ni Siria ni Turquía son ejemplos en otras latitudes. Quizás si Rusia exhibiera socios a los que les va más confortablemente.... Es una opinión que también debe tenerse en cuenta. Ahora, el texto de Kleimans:
 
 
En la Segunda Guerra Mundial, el frente oriental fue donde se decidió la victoria. En impresionantes  operaciones militares los grandes estrategas soviéticos a partir del histórico triunfo en la batalla de Stalingrado, a principios de 1943, arrasaron con los ejércitos nazis aplicando una muy efectiva táctica: en un movimiento de pinzas encerraban al enemigo en grandes bolsones, dejaban las fuerzas suficientes como para aniquilarlo y seguían impetuosamente adelante.
Hoy, esa misma táctica es la que emplean el presidente Vladímir Putin y sus principales y eternos “mariscales”: el canciller Serguéi Lavrov; y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, en su trato con sus contrapartes occidentales.
Esta política le permitió a Rusia recuperar el rol protagónico privilegiado que conquistó la Unión Soviética a partir del triunfo en esa guerra. El ejemplo en Medio Oriente es elocuente: aplastó con golpes aéreos y misilísticos a los terroristas del Estado Islámico y conformó una original alianza con Irán y Turquía, que aparecían como enemigos irreconciliables entre sí.
En el otro extremo de la pinza acordaba una política de “distensión regional” con Israel.
 
La base es el flamante gasoducto “Torrente turco”, una eximia obra de ingeniería que recorre el fondo del Mar Negro y entrega gas a Turquía pero también a Israel y abastece a todo el sur europeo desde Grecia.
De paso, esteriliza el comando de Washington DC para que Grecia, Serbia, Austria e Italia no participen de esa provisión y compren el caro e inseguro GNL estadounidense.
La “Gran Pinza”, empero, se compone del extremo sur y del extremo norte.
Faltan pocos meses para que se inaugure el gigantesco “Torrente del Norte-2”, que junto con el primer “torrente” y por el fondo del Mar Báltico entrega gas a Alemania, países escandinavos y, por extensión a Francia. Los frenéticos intentos de USA por detener el tendido y reemplazarlo por el lejano e inseguro suministro del gas shale estadounidense no dan ningún resultado.
Esta estrategia, además de coadyuvar a la consolidación del sueño de Ángela Merkel y Emmanuel Macrón de una Europa independiente de Washington y una OTAN propia, ha hecho trizas el intento de la Casa Blanca de aislar a Rusia y de destruir su economía mediantes sanciones urbis et orbis, tal como lo había profetizado Barack Obama.
Con su gran aliado chino, el Kremlin ha establecido una flexible presencia política y una importante gestión económica en África y Asia. Aquí la pinza se completa con el otro extremo en América Latina, donde ofrece inversiones productivas en proyectos de infraestructura, con la participación en ellas de grandes empresas rusas proveedoras de equipamiento y tecnología.
Aquí está preparada para disputarle palmo a palmo el territorio (mercados) a USA que siempre consideraron a América Latina su “patio trasero” en el que podían hacer y deshacer como les viniera en ganas.
Y otra vez las pinzas. Mientras en el cardinal club líder de países emergentes que es el exclusivo BRICS los socios Rusia y China, acompañados por la oportunista India sostienen con fuerza a un vacilante Brasil, oficiosamente “calificados expertos” propugnan su ampliación y colocan a la Argentina en primer lugar entre los candidatos a ser admitidos.
Los recientes desplazamientos en el gobierno ruso, generados para inducir mayor energía y dinamismo a esa inalterable estrategia, tanto en los planos político y militar como en los económico y tecnológico, son fuertes señales para países  como la Argentina, necesitados de socios o, en el peor de lo casos “soportadores”, que ayuden a resolver la profunda crisis provocada por malversaciones, fraudes y especulaciones internas y externas.
Comprender de verdad la naturaleza y el objetivo de estos movimientos de pinza puede ser la llave para conseguir el respaldo a largo plazo y estratégico que se busca.
Sólo que de nuestra parte no hay tiempo alguno, al menos en esta dramática coyuntura, para intentar este movimiento de pinzas. “Afuera” lo tomarían como una clara señal de debilidad e indecisión políticas…