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La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina,
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Villa Gesell como reflejo de la realidad en el Gran Buenos Aires


"Lo vivido estos días en Villa Gesell o en Mar del Plata -donde no hubo una muerte de causalidad- es lo mismo que se ve en el Gran Buenos Aires durante todo el año. Difiere el compromiso de las autoridades locales y el acompañamiento nacional o provincial para poder tomar cartas en el asunto. Las diferencias están marcadas en la voluntad política de hacerlo y sobre todo del coraje": así introduce Sebastián Dumont un tema muy importante en el debate social del GBA.
 
 
 
 
El título de esta nota no es antojadizo. Se remite a una serie de congresos sobre el abordaje de la nocturnidad y sus consecuencias, hoy exaltadas públicamente a raíz del asesinato de un joven en Villa Gesell tras una feroz y letal golpiza. Aquella actividad comenzó a realizarse en el conurbano bonaerense, particularmente en San Miguel, convertido, por aquel entonces, en uno de los centros de diversión nocturna más importantes del Gran Buenos Aires.
El primero de los Congresos, que me tocó moderar, buscó abordar y encontrar soluciones a un tema que, ya en ese momento -año 2008-, iba camino a ser cada vez más grave.  Los hechos demuestran que, más allá de casos aislados donde el Estado tomó decisiones concretas, la situación es extremadamente delicada. 
Joaquín De la Torre era el intendente de San Miguel en aquellos tiempos. El hoy ex ministro de Gobierno bonaerense recuerda estadísticas alarmantes cuando le tocó asumir en su distrito. “En ese entonces 70.000 chicos y chicas venían a bailar las noches de los viernes y los sábados (un 60%, menores de edad). Los días de semana, se alquilaba el local para fiestas de egresados, en las que corría el alcohol. Un promedio de diez chicos por día -la mayoría, menores- ingresaban al hospital por intoxicación o por riña. Nueve de cada diez conductores de autos tenían alcoholemia positiva. Más de 50 combis y colectivos ingresaban en el distrito para traer gente a los boliches”.
Hoy, a casi 12 años de aquello la situación en dicho distrito es diferente. ¿El problema no existe más? No. Pero se minimizaron los daños.
 
De lo que el Estado no puede hacerse cargo es de la conducta de sus ciudadanos. No existe resolución posible si no hay un compromiso mutuo.
Lo vivido estos días en Villa Gesell o en Mar del Plata -donde no hubo una muerte de causalidad- es lo mismo que se ve en el Gran Buenos Aires durante todo el año. Difiere el compromiso de las autoridades locales y el acompañamiento nacional o provincial para poder tomar cartas en el asunto. Las diferencias están marcadas en la voluntad política de hacerlo y sobre todo del coraje.
Detrás del negocio de la noche, no vamos a descubrir nada, se esconden intereses de los más variados. Los mismos que van encontrando la manera de permanecer. Al cierre de los boliches, en muchos sitios hubo mutaciones a bares que luego se convierten en bailables. ¿Están preparados para eso? No. Siempre alguien mira para otro lado. Misma situación es la que trasciende sobre lo que está pasando ahora en la costa argentina. La mayoría de los locales bailables estarían permitiendo el ingreso de más personas de las que la capacidad del lugar lo permite.
Nadie duda que el consumo de alcohol y drogas potencia el riesgo de descontrol social en la juventud. Así lo marcan las estadísticas del Sedronar que muestran a la Argentina como el país de América con mayor porcentaje en ingesta de esta sustancia. Y otros datos que preocupan mucho:  El 30% de los menores de 14 años reconocieron beber en soledad y 4 de cada 10 confesaron no recordar lo que pasó en una noche de alcohol. 
Es más complejo encontrar estadísticas a nivel municipal. Pero las hay. Un reciente trabajo de la municipalidad de Chascomús arroja qué prevaleció de consumo de sustancias en chicos de edad escolar de nivel medio. Allí se observó que el consumo del alcohol está al tope con el 51,4%, Tabaco 19,1%, muy cerca la marihuana 13,7% mientras que la cocaína 1,1%. El mayor consumo de alcohol, marihuana y cocaína se da en los jóvenes de 17 años en adelante. 
Las estadísticas permiten arrojar un diagnóstico. Es un paso. A ello se debe sumar la acción política.
Un resumen de los contrariados intereses que hay en pugna cuando se aborda un tema de extrema sensibilidad se puede graficar con mucha claridad en una entrevista realizada hace muchos años por quien esto escribe. Fue con un empresario de la noche. "¿Usted le vendería alcohol a un joven que ya estuviera ebrio?". La Respuesta fue: "Si tiene plata, sí". Llegó la repregunta: ”¿Y si el joven fuera menor?", y el empresario contestó: "Sí, yo no soy el padre…".
La realidad política muchas veces parece caminar por senderos bifurcados con el día a día de la mayoría de los ciudadanos. Hasta que suceden hechos trágicos y se vuelve a poner el foco. No habrá que esperar mucho para que se disipe el tema y todo vuelva a la “normalidad”. Una reciente encuesta de Gustavo Córdoba mostró que la inseguridad como preocupación de la población ha caído a niveles históricos. ¿Resignación? ¿Costumbre? Que la economía esté por encima del cuidado de la vida nos describe como sociedad.
No parece haber sido ello lo planteado por los intendentes del conurbano a Sergio Berni en una reciente reunión en Almirante Brown. Los alcaldes buscan más acción en sus distritos porque la problemática no desapareció y en muchos casos se agravó. Las internas atrapan muchas veces los movimientos y los humores de la política.
Algo así como lo que sucede en la relación entre la Nación y la Provincia. Esta semana siguieron las señales de Alberto Fernández para con los alcaldes que aún no llegan desde la provincia de Buenos Aires con el mismo vigor. Quizá, el viaje del Presidente a Israel, donde invitó al gobernador encierre más de un mensaje. Quizá…